Hace trece años, agotado con dos niños pequeños (de 4 y 6 años), una noche tuve una idea: le pedí a mi hijo de 6 años que le contara un cuento a su hermanita antes de dormir. Qué listo, pensé, hasta que estalló un llanto sonoro. Había empezado un cuento sobre un monstruo que entraba por la ventana, y los dos se asustaron.
Aquello se convirtió en un momento de coaching para mí:
- No todo lo que SE PUEDE delegar SE DEBE delegar. Algunas cosas llevan consigo conexión y sentido: los cuentos antes de dormir crean vínculo, no son solo tareas. Pregúntese qué delegar y qué conservar, por muy cansado que esté.
- Tenga cuidado con las historias que se cuenta a sí mismo. «No soy lo bastante bueno». «Ya es demasiado tarde para mí». También son historias, y cuanto más las contamos, más nos las creemos. La historia adecuada puede cambiarlo todo.
- Los monstruos son incomprendidos. La mayoría no son malos, solo incomprendidos. (Dato curioso n.º 1: los monstruos se ponen pijama para los eventos formales. Cómodos y con clase.)
Si alguna vez se siente atascado, quizá sea el momento de reescribir la historia en la que está.
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